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CAPITULO DOS
Los calzones de las nenas

 

Tu me vas a dar la razón, porque –digan lo que digan los que dicen- a los diez años no hay nada más misterioso y que incite a la curiosidad de un modo tal, que en lo único que pienses durante días sea en eso, como los calzones de las niñas ¿a poco no?, porque debes de saber –o recordar- que a esa edad uno tiene integrado un radar de calzones, en serio, como que siempre está uno en el momento indicado y hasta en la posición adecuada para que al primer falsazo calzonero baste desviar un poco la mirada y ¡listo!, los calzones de Paola o los de Leonora, o los de las dos ¿por qué no?

 

Pero ojo... porque es aquí donde recuerdo un episodio de mi infancia, en lo personal, mi radar de calzones funcionaba a la perfección, pero yo no estaba a la caza de calzones infantiles, para nada, a mi me gustaban los calzones de las señoras, en serio, principalmente los de las maestras, -claro que era más difícil conseguir echar un vistazo, pero en definitiva, cada esfuerzo valía la pena-, que digo me gustaban, me puti-re-encantaban los calzones grandes, o sea, los de señora.

 

Siempre bastaron escasos uno o dos centímetros más allá de lo reglamentario en la división de la falda y las rodillas de la maestra Lolita para que tu de inmediato le vieras los calzones –al menos lo poquito que alcanzabas a ver- e intentar adivinar el color de los mismos, porque debido a la sombra provocada por la ya mencionada falda y los muslos,

 

Pero ojo... porque es aquí donde te pregunto, ¿te acuerdas que no te importaban los muslos, ni las pantorrillas y mucho menos los rincones ocultos bajo los chones de las nenas?, me cae, tu solo querías verles los calzones y todo es culpa de tu mamá por que nunca te dejaba entrar a su habitación si estaba en calzones y así te lo decía, “no puedes pasar por que estoy en calzones mijo” y se la pasaba regañando a tu papá por andarse paseando por toda la casa en los ya ultra mencionados trapos, “!ya te he dicho que no te andes paseando por todos lados en calzones, pareces Trazan cabrón, nada más te faltan los animales¡” y entonces tiene uno que ir en busca de lo prohibido a otros lares, ¿o no?

 

de la maestra, pues solo se podía ver oscuridad, pero eso bastaba para decir que se los habías visto y que todos tus compañeros se la pasaran boquiabiertos durante el receso, -en serio, ahí los traías detrás de ti como si fueses el mismísimo Jesús-cristo- preguntándote las más variadas e increíbles babosadas.

 

¿Tienen dibujitos?, ¿Estaban manchados?, ¿Son blancos verdad?, ¿Son grandes o pequeños?, ¿Y le quedaban guangos o justos?, ¿Oye y se ven nuevos o estaban todos bien des-hilachados, así como balaceados?, ¿Eran lisos o de encaje? –generalmente esta pregunta solo la hacían los mejor informados y casi siempre buscaban un momento a solas para formularla-

 

Ojalá mis ex-compañeros de clases y ex-admiradores de las mini faldas de Lolita –porque ya le puedo hablar de tu ¿cierto?-, nunca se enteren de la cruel y oscura verdad... Nunca se los vi.

 

Pero esto fue solamente una iniciación, porque en cuanto se nos presentó la primera oportunidad, descubrimos lo maravilloso que era espiar a las niñas en su clase de deportes, ya sabes, llevan las faldas holgadas y resulta mucho más fácil verles los calzones cuando corren, cuando dan vueltas como locas –nunca he entendido el porque de esta actitud, ¿cuál es el atractivo de dar vueltas como tontitas?, ¿acaso era enseñarnos los calzones o de verdad así funciona su cabecita?, en fin- cuando se sientan en el piso y levantan las piernas para hacer las famosas e inolvidables “bicicletas”, -que según yo, el profesor de deportes, les ponía a hacer para verles también los calzones, ¡o sea que todos estábamos confabulados en una especie de hermandad textil u “underwear's band”-

 

Pero ojo... porque es aquí donde se desata ese demonio que todos llevamos dentro y quieres acompañar a tu madre de compras para colarte en la sección de ropa interior y entonces si, ahí es donde te vuelves experto en el tema, descubres que hay de varios colores y tamaños, que hay unos que nada más de verlos te hacen ruborizar pues no puedes hacer más que imaginártelos puestos en la maestra Lolita –Ps en quien más ¿o no?- y un sin fin de trapitos para alimentar tus bajezas infantiles que, cuando menos cuenta te das, ya estás sumergido en las terribles mieles del programa “ISO Tanga-mil” y te la pasas viéndole los chones a cuanta chica en falda se atraviesa por tu camino, calificas de buenos, malos y excelentes los pocos que alcanzas a ver y guardas siempre en la memoria, los más hermosos... los de muñequitos, claro.

 

Pero ahí no acaba todo, y que digo no, puti-no, porque en tu afán por verle los calzones a la primera que se pueda y aunado esto a tu fijación por los de la Lolita, pues no te queda de otra mas que recurrir al más desesperado truco que se te puede ocurrir a esa edad, justo en frente de la hija de miss Lolita, tu te le quedas viendo fijamente a los muslos, si hasta exageras los gestos de tu carota de baboso y, como era de esperarse, al término de la clase, ella se te acerca y con una cara de archi-re-contra-puti-encabronamiento te dice “!le estabas viendo los calzones a mi mamá¡”, y tu, por supuesto, lo niegas todo hasta que ella se calma un poco y entonces comienza a andar la cochambrosa maquinaria de tu plan.

 

¡¿Cómo que para que dejes de verle los calzones a mi mami te los tengo que enseñar yo?!, -te pregunta ella- ¿es en serio, si te los enseño dejarás de ver a mi mami?, -te pregunta de nueva cuenta- bueno, entonces... ¡y mocos güey!, a que nunca esperaste que se levantara la falda en pleno centro del patio y que para acabarte de fregar te gritara, “!míralos bien ¿eh?, pero acuérdate de tu promesa, nunca más le verás los calzones a mi mamá¡”.

 

Es por eso que acabé los estudios primarios en una escuela de puros niños, entre puños e insultos, tablazos en las nalgas y disciplina total, ¿lo curioso de todo esto?, que a la fecha no puedo acordarme del nombre de la hija de la maestra Lolita, pero tampoco puedo dejar de comparar la sensación de aquella primera vez en el patio, con cada nuevo juego de chones que veo, eso si, ahora solo lo hago con permiso de la susodicha y nunca olvido pasar la revista, como único miembro oficial del certificado de calidad Tanga-mil.

 

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Antonio Andrade

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antonio@andrade.as