Nada más hermoso que entrar a una habitación, cerrar la puerta tras de ti y recostarte al lado de una hermosa doncella, verla a los ojos y encontrarle la sonrisa, parpadear lentamente, -como en las escenas de las películas románticas donde el director hace un énfasis visual-, y es en ese simple y casi imperceptible cerrar y abrir de ojos, es que le dices todo lo que sientes, todo eso que ni tu mismo entiendes porque es solo así, como podrías expresarlo, ella te responde con un gesto similar pero lo acompaña de una risita nerviosa, tu la abrazas fuertemente, besas la punta de su nariz, te das vuelta sobre la cama, te incorporas y comienzas a prepararte para dormir.
Pero no han pasado ni cinco segundos de que te paraste, caminaste hacia el guarda-ropa y es más, aún no terminabas de abrirlo cuando ella te llama, tu das media vuelta y descubres con sorpresa que ahora su gesto es un poco más travieso que hace un momento, sin quitarte los ojos de encima, le da un par de golpecitos a la cama, justo a su lado, -a ver lectores, esto no quiere decir aviéntate a mi lado ¿ok?, es simplemente una invitación a compartir ese espacio con ellas, porque nunca falta el que se pasa de instintivo y has de cuenta que le hiciste esta seña a tu perro, solo falta que la agarres a lengüetazos y le huelas la entre-pierna- tu avanzas muy seguro hasta la cama, pones una rodilla justo en la orilla y antes de que empieces con tu show de seductor chafa, pero que digo chafa, puti-chafísima de película mexicana de bajo presupuesto, ella te dice con esa voz que hace que se te enchine la piel, “yo te visto”
Pero ojo... porque es aquí donde tu te pones nervioso y es más, te pones aún mas nervioso cuando en ese mismo tonito y sin quitarte los ojos de encima te dice “pero primero, te desvisto”. ¡No puede ser!, bueno si puede ser, se lanza sobre ti y te quita la playera con tal cuidado que cuando menos cuenta te das, ya estás más encendido que la llama eterna y como si esto no fuera poco luego te pones como antorcha medieval cuando se coloca justo detrás de ti y sin decirte agua va, te abraza colocando sus manos sobre tu pecho e inmediatamente después, te muerde un hombro,
das media vuelta y la besas con ternura, de inmediato ella responde al beso con cercanía y tu llevas las manos a su cintura, levantas poco a poco su blusa, ella se acerca más, levanta los brazos y tu la retiras por completo –a la blusa, no a ella ¿ok?-, recorres sus senos como queriendo guardarte en la memoria cada palmo, ella empieza a respirar más fuerte, sus labios se separan y comienza a hacer suaves, pero muy suaves, movimientos de cadera, sus dedos recorren con fuerza tu espalda y te besa nuevamente, muerde tus labios y lóbulos, se acerca aún más a tu cuerpo hasta quedar piel con piel, la abrazas acariciando su espalda baja y su respiración deja escapar ligeros jadeos que aumenta cuando subes las manos sin perder el contacto con su espalda, ella se separa de ti lentamente, cada movimiento de su cuerpo es parte de una sinfonía, no hay errores, des-abotona su falda y la deja caer, se acerca y te dice “te toca”, tu haces lo propio con los pantalones y regresas a su lado en la cama, acaricias sus pantorrillas y sus muslos, besas sus rodillas, su cadera, su ombligo y vas subiendo hasta llegar de nuevo a su boca donde te detienes rozando apenas sus labios, y justo en ese momento donde pareciera que el tiempo se detiene, ella se recuesta totalmente y te mira, solo te mira y deja caer los brazos a los lados, se rinde y te invita a danzar en su interior.
Comienzas a besarla frenéticamente y vas descendiendo hasta llegar al encaje de sus calzones, los retiras sin prisa, cual si fueras esculpiendo cada trazo de su cuerpo mientras retiras la diminuta prenda, los dejas unos instantes a mitad de los muslos, la besas como si fuera la primera vez y en un movimiento casi imperceptible, la des-nudas por completo, te recuestas sobre su cuerpo y la acaricias desde la cadera hasta la barbilla, ella se pierde como en un sueño y tu recorres su figura con la mirada, de pronto ella levanta la cabeza y te mira, sus ojos te dicen que es el momento de llegar hasta el final, te desnudas por completo, ella abre las piernas tan despacio que apenas lo notas, se recuesta de nueva cuenta y cierra los ojos, tu te acomodas y realizas las maniobras necesarias, tu cuerpo sabe exactamente lo que pasa y la fuerza te llena, la penetras y... ¡mocos buey!.
Pero ojo... porque es aquí donde te levantas de un sobresalto, te sientes extraño y tu pajarito pareciera que estalla, tu cuerpo está como acalambrado y aunque te asusta todo aquello, por alguna extraña razón te encanta, todo termina pronto y como es de esperarse, te asomas a revisar tu pajarito que a últimas fechas actúa de un modo extraño,
pero si pensabas que ya había pasado lo peor, te habías equivocado, cuando te levantas la trusa para ver en que condiciones está el mencionado pájaro, lo encuentras todo baboso, como en las películas de marcianos, ¡ah, madre santísima, que es esto, no manches, mi pajarito está enfermo!, ¡tiene mocos!, ¿que onda?, ¿que debo hacer –te preguntas- le avisaré a mamá? pero por alguna extraña razón, el simple hecho de pensar en ello te provoca vergüenza, ¿pero como hacerle? pues para ese momento ya has notado que no solo tus chones están embarrados sino que también las sábanas y hasta la almohada están untadas de mocos, “pobre pajarito, ¿pues que te paso que te agarraste esa pinche gripota?”, al día siguiente no das crédito a las risas de tus amigos cuando les cuentas que tenías el pajarito como marciano de película, lleno de babas y de mocos, pero al parecer uno de ellos se apiadó de ti y te contó el rollo de la eyaculación que desafortunadamente aún no entendías, “y es por eso que tu pene parece marciano”.
Ni modo, ese fue el primer pájaro que vi convertirse en marciano –y no porque vuele más alto que los otros, ya que todos sabemos que ese es el del astronauta-, ahora que se aguante pues así le llamaré de ahora en adelante.
Aplausos al primer pájaro que se convierte en marciano por favor.