Yo tampoco, o sea, recuerdo a la chava con que me lo di, pero no recuerdo exactamente todos los detalles, pero lo que si no me puedes negar, es que recuerdas perfectamente todas las sensaciones que ese pequeño, tímido y sincero beso despertó en tu, aún pequeño e inexperto cuerpecito, ¿o si ?.
Pues bien, luego de que ella accediera a dejarte probar sus mieles bucales, tu solo atinas a recordarlo, ¿a poco no?, pasas el resto del día acordándote de cada detalle y lo peor es que así se te va la tarde entera y te vas a la cama condenado a no poder conciliar el sueño, das vueltas y vueltas, pero nada, o sea, nada de nada, cero sueño, cambias de posición aproximadamente cada minuto sin obtener resultados, entonces te dices a ti mismo, “calma, calma, pues ni que fuera para tanto” y en esas te encuentras cuando de pronto y como si de una obra del mismísimo demonio se tratara, ¡sopas güey !, tu marciano se pone en pie de guerra, “¿y ahora, este güey que se trae?”, tratas de ignorarlo pero igual que con el sueño, nada, pero nada de nada, el marciano parece tener vida propia, entonces, in- evitablemente , tus pensamientos regresan al episodio del beso, pero esta vez, las imágenes son más nítidas, es como si lo estuvieras re-viviendo, llega hasta tus fosas nasales el aroma de su cabello, en tus labios se adivina nuevamente su sabor –creo que la vida me ha condenado a nunca olvidar ese marcadísimo sabor a Frutsi de uva, en serio-, recuerdas cada movimiento de sus manos por tu rostro y esa extraña sensación que su respirar te deja en la mejilla.
Pero ojo... porque es en esta parte de la historia donde, como si fueras una marioneta, te llevas derechito y sin escalas, la mano al señor invasor extra-terrestre, mejor conocido en el bajo mundo de la Bitácora del orgasmo, como “ Mr marciano” y así, como no queriendo la cosa, comienzas a juguetear con el nuevamente, mientras las imágenes de esa tarde se repiten una y otra vez.
Si hasta decides hacer de lado a la hija de la maestra Lolita , es más, para que te des cuenta del impacto que este descubrimiento representa en tu vida, hasta decides postergar tus sueños con las velludas piernas de la maestra Marilupe, en serio,
Pero ojo... porque es aquí, donde comienzas a deformar las historias,- porque te acuerdas del choro de la abeja y la flor que te aventara tu madre meses antes y de las maravillosas sensaciones que imprimieran en tu cuerpo los encuentros con Regina- y entonces si, agárrenme porque ahí les voy, en menos de cinco minutos ya le quitaste los pantalones a la niña de tu primer beso –que no siempre es tu primer amor, cabe aclarar- y descubres que hasta le puedes poner los calzones del color que se te de la gana, es padrísimo porque nadie puede decirte que no, ni siquiera ella puede quejarse si no combinan con la blusa o las calcetas.
y comienzas a acelerar notoriamente la velocidad de los juegos marcianales , ¡puta!, ahí estás, como los cuates de las olimpiadas, dando tu mejor esfuerzo, sudando la gota gorda, jalando grandes bocanadas de aire para no des-fallecer y tratando de hacer el menor ruido posible para que nadie en casa se de cuenta de lo que estás haciendo, no puedes evitar sentir un ligero remordimiento de conciencia pero, inmediatamente decides hacer caso omiso del mismo y cierras los ojos para proseguir con tus marranadas mentales, o sea, no a gusto con haberle quitado los pantalones a la pobre niña, ahora decides quitarle también la liga del cabello -¿nunca te has fijado como cambia el semblante de las mujeres cuando se sueltan el cabello?, como que se ven más interesantes, más maduras, más atractivas, ¿o no?- que, casualmente combina a la perfección con el color de sus calzones y ¡ orale !, sin saber porqué, sientes una in-explicable necesidad de ir más allá, pero neta que no te la explicas, simplemente quieres que algo más suceda, ¿pero que?, comienzas a respirar más aprisa, y te resulta imposible detener los rapidísimos movimientos de tu mano, es más, ni siquiera lo intentas, pero de algo estás seguro, tus fantasías se centran de un modo obsesivo en los calzones, es entonces que decides ir más allá e intentas quitárselos, pero en el preciso momento en que estás por des- calzonar a la susodicha... todo termina en un extraordinario, pero que digo extraordinario, un archi requete recontra puti -maravilloso estallido corporal que te deja como pechuga sin hueso sobre la cama y minutos después te hace dormir profunda-mente.
Buenos días te dice ella al día siguiente en el colegio y sorpresivamente te da un pequeñito beso en los labios, ¿como amaneciste?, tu te limitas a suspirar al darte cuenta de que ese día, ella decidió ponerse una falda que, casualmente, hacía juego con las calcetas, ¿por qué estás tan ojeroso, pasaste mala noche? te pregunta antes de darse traviesa-mente la vuelta para ir con sus amigas y dejarte ver por unos instantes sus calzones que, ¡ oh sorprais ! combinan con la liga del cabello.
Tu , sin poder comprender del todo lo que en tu interior se arremolina, simplemente sonríes y piensas para tus adentros y sin quitarle los ojos de encima que definitivamente esta noche tendrás que quitarle los calzones desde la comodidad de tus marranas fantasías.